CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Imprecisa desde el título, la exposición El
arte de la música, que se presenta en el Museo del Palacio de Bellas
Artes de la Ciudad de México (MPBA), es un ejemplo del daño que provoca
la mercadotecnia museística en el rigor curatorial que debe tener toda
institución.
Diseñada en su versión original por el Museo de Arte de San Diego
en California, Estados Unidos, la muestra es un proyecto llamativo,
pretensiosamente extenso y ambivalente, que inserta excelentes obras en
una simplista e inexacta interpretación curatorial.
Sumamente débiles como categorías de análisis, estos núcleos no logran
establecer diferencias contundentes entre el significado de las obras, y
muchas de ellas podrían colocarse en varias secciones, principalmente
en las dos primeras. Esta indefinición devela que los criterios de
selección de la mayoría se basaron únicamente en la presencia de
elementos visuales vinculados con imaginarios musicales.
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